Todas las entradas de María Casorrán

MICRORRELATOS DE AMOR

Pues ahí van algunas historias de amor diferentes… ¡Que las disfrutéis!

A Ñ O S
Me pongo la corbata mientras me miro en el espejo. Hoy es nuestro gran día. Peino mis cuatro pelos revoltosos y dejo escapar el aire de mis pulmones. Sigo siendo el mismo chico nervioso. Con mis manos temblorosas cojo el ramo de tulipanes. Sus flores favoritas, cómo olvidarlo. Me miro una última vez en el espejo y me digo a mí mismo que ya es la hora. Mientras camino, recuerdo la primera vez que la vi, y las mariposas de mi estómago vuelven a despertarse por arte de magia.
En cuanto llego, le sonrío y me agacho a dejar el ramo en la húmeda tierra junto a su nombre. Por más años, cariño.

Madai Trujillo, 3º ESO B

QUE NO LO CUENTEN

“Hola. La abuelita está enferma y los médicos dicen que no sobrevivirá a las cuatro noches. Cuando se vaya tendremos que buscar otra manera de vernos.”

“Tranquila, seguro que encontramos alguna forma de solucionarlo todo. Confía en mí. Te quiere, tu lobo.”

Paula Oliva, 3º ESO B

CONCURSO MICRORRELATOS VIOLENCIA DE GÉNERO

El pasado mes de noviembre tuvo lugar el “III CONCURSO DE MICRORRELATOS CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO, Jóvenes con mucho que contar”, organizado por el Departamento de Ciudadanía y Derechos Sociales del Gobierno de Aragón, y la Fundación Piquer, con el propósito de contribuir a la eliminación de la violencia de género.

En él participó una de nuestras alumnas, Madai Trujillo, de 3º ESO B. Su microrrelato ha quedado entre los 45 mejores y ha sido seleccionado para ser publicado en un volumen recopilatorio de los mejores escritos de esta edición. ¡Enhorabuena, Madai!

Aquí os dejo el relato, que lo disfrutéis:

 

ENJAULADA

Con miedo, ella se colocó frente al espejo y elevó la cabeza lentamente hasta chocar con la mirada de su propio reflejo. Lo que en ese momento vio, hizo que cada parte de su ser se rompiera en miles y miles de pedazos. Pedazos tan pequeños que serían difíciles de reconstruir.

Lo que más llamaba la atención en su frágil cuerpo eran las infinitas heridas que tenía prácticamente tatuadas en su piel. Sus dedos las rozaron mientras los recuerdos se instalaban en su cabeza, como si se tratara de una película nada agradable que tenía obligada a ver.

Sacó su estuche de maquillaje y empezó a tapar cada hematoma, lo cual no le fue difícil, ya que las veces que lo había tenido que hacer eran incontables. Los ojos que en un pasado desprendían luz y alegría, ahora estaban vacíos, como si la mismísima muerte les hubiera arrebatado el alma.

Ella solo respiraba, lo que significaba que vivía, que su cuerpo estaba en funcionamiento, pero mentalmente ella ya había muerto hacía mucho tiempo.

Ya no sabía qué hacer. El miedo a denunciar a este individuo la paralizaba por completo. Su familia se había alejado de ella, o mejor dicho, él la había alejado de su familia. La palabra “salida” no estaba en su vocabulario. Su vida en ese momento era como el laberinto que tuvo que construir Dédalo, solo que ella no podía volar, ya no. Él, ese hombre al que creyó amar, le había arrancado cada pluma de sus alas sin piedad alguna. Y todo para que no se fuera, para que no emprendiera su vuelo.

Ella para él se había convertido en un pequeño pajarito. Un pajarito que ya ni siquiera sabía cantar…