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Historias de amor diferentes III

Flor Marchita                                      Laia Termens, 4ºA

Fue ese nauseabundo olor el que hizo sospechar a los vecinos, que pronto llamaron a la policía. Los agentes entraron a la fuerza en el apartamento, hallando entonces a los dos cadáveres. Por el estado de putrefacción de estos, descubrieron que ella había muerto siete días antes que él. No tardaron en ver el cuaderno que el varón sostenía entre las manos. Este tenía unas páginas marcadas con un claro enunciado: “Lean esto cuando ya haya vuelto con ella”.

 

El inspector tomó el cuaderno entre las manos, guardándolo en su maletín. Ya en su despacho, procedió a leer tranquilamente las palabras que contenían aquellas misteriosas páginas:

 

“Nos fuimos a dormir y nunca más volvió a despertar. Murió entre mis brazos mientras yo soñaba con pasar toda la vida junto a ella.

Le diagnosticaron esa enfermedad cuando nos casamos y decidió quedarse en casa conmigo. La miro y no puedo. No puedo enterrar su cuerpo perfecto. No quiero sepultar su rostro angelical. Así será sólo para mí.

 

Ha pasado casi una semana desde que se paró su corazón. Se ha hinchado un poco, pero no importa, sigue siendo ella. Me gusta peinarla cáda día y sentir cómo su cabello suave roza mi piel áspera.

Sus labios siguen suaves cuando la beso y sus ojos grises no han perdido vitalidad a penas.

Sé que me sigue queriendo.

 

Me enamoré de su sonrisa, sonrisa que ahora sólo puedo recrear modificando su rostro gélido y sin vida con mis manos.

A veces hasta puedo oír cómo sus palabras pasadas salen ahora de su boca.

Susurros que se lleva el viento pero que se quedan grabados en mi mente.

No me dejes, no me dejes nunca.– , –No dejes que las sombras me lleven con ellas.– , –Ven conmigo y quédate para siempre.

 

La miro y mi corazón sigue por ella tal y como era cuando el suyo también latía bajo su pecho perfecto. La sigo amando como si fuera el primer día.

Mi corazón es esclavo del suyo, aún lo es aunque el suyo se haya congelado en el tiempo.

Por ella haría lo que fuera, lo que me pidiera.

 

Me lo está suplicando, me suplica entre susurros que vaya con ella. Ya no tengo nada que perder, yo ya estoy muerto. Morí por dentro cuando me dí cuenta de que ya no volvería a escuchar su risa, de que el tacto de su piel bajo mis dedos no volvería a ser cálido como antes. Fue en ese momento cuando mi corazón dejó de latir con fuerza para convertirse en ceniza que aún se mueve bajo mi pecho.

 

Quiero ir con ella, ya no tengo nada que perder, pues ella es mi tesoro, mi flor y ahora ya está marchita. Me voy, me voy con ella pero ésta vez para siempre.”

Historias de amor diferentes

Este curso os proponemos que escribáis historias de amor diferentes para publicar en O choben o colgar por los pasillos.

¿Te atreves a escribir una historia de amor diferente?

Aquí os dejo algunos ejemplos:

Manecillas enamoradas

David Moreno

La manecilla de las horas y el minutero, mantenían una historia de amor: al llegar la medianoche se rozaban, se contaban y hasta besaban. Fieles a la cita llevaban años de puntualidad exquisita.
Llegó una vez en la que algo debió ocurrir al minutero, su manecilla enamorada le esperaba y éste no acudió a la cita. Ella pensaba:“¿le habrá ocurrido algo malo? ¿Me habrá dejado por otra manecilla?”En realidad, desconocía que había ideado un sistema para quedar bloqueados en la hora en punto. Sería el método perfecto para paralizar el tiempo y dar rienda suelta a su pasión.
¡Pero la desdicha quiso que quedara anclado en las once y media!
La manecilla de las horas de tanto esperar, enloqueció y comenzó a girar a un ritmo vertiginoso. Y desde entonces, los días duran horas y las horas, minutos y ¡esto no hay quien lo pare!

 

Amor Cronometrado

Antonio Fernández

Las ocho menos cinco y todavía voy en el ascensor. Es lo único que pienso mientras miro impaciente el reloj y espero a que la voz mecánica de cada mañana me diga que estoy en mi planta. A paso acelerado, marcado por los latidos del corazón, me dirijo a la mesa, suelto el abrigo y me siento. Mientras conecto el ordenador repaso mentalmente lo que voy a decir. Esta vez sí. Nada puede salir mal.Tomaré aire y en cuanto se abra la puerta lo haré. Pondré mi mejor sonrisa y tras ellas soltaré una de las frases que han ensayado tantas veces. Como cada mañana a las ocho en punto, el tiempo se detiene, mi corazón se para cuando se abre la puerta y entra. Como de un sueño despierto viendo que mi oportunidad ha vuelto a pasar frente a mí. Tantas cosas que contar, tantos sentimientos que expresar… Mañana vendré  a las ocho menos diez.

 

Una eternidad en segundos

Antonio Loste

Esperaba en el canto de la acera a que el semáforo se pusiera verde. Su mirada rastreó, entre el trajín de los coches, la acera de enfrente. Unos cuantos peatones, impacientes, contenían su afán de cruzar la calle, pero el runrún de los motores los mantenía quietos. Sus ojos la vieron: magnifica, joven, airosa, pelo castaño, ojos grandes, quizás verdes.Se miraron y ella sonrió. De repente saltó decidida a la calzada sin percibir que un potente coche enfilaba la calle. Sin pensarlo, dispuesto a evitar la catástrofe, él corrió hacia ella y la cogió por los hombres. El chirriar de los frenos anunció la proximidad del coche que arrolló a la pareja. Quedaron abrazados sobre el asfalto. Sus rostros, sin vida, sonreían. Hacía veinte segundos que se amaban. Tenían toda la eternidad para ellos