Todas las entradas de: Raquel Yuste

Biblioteca escolar

¿Conoces la biblioteca de nuestro centro? ¿O solo la conoces porque (ejem, ejem) te han enviado obligatoriamente allí?

Bucea en sus estanterías: puedes encontrar mundos inexplorados y fantásticos. También nos puedes sugerir lecturas que no encuentres o comentarnos títulos que te han entusiasmado y que te gustaría recomendar a tus amigos.

Como muestra, te recordamos las NOVEDADES que se adquirieron a finales del curso pasado.

Si estás interesado en tomar prestado un libro, acude a la biblioteca en el horario siguiente:

Segundo recreo (12:15 a 12:35)

Martes de 14:25 a 15:15

Miércoles de 19:10 a 20:00

 Trilogia-Los-Juegos-Del-Hambre-247x300¡TE ESPERAMOS!

La foto del verano

Antes de comenzar los duros exámenes de este primer trimestre, echemos el último vistazo al pasado verano: tres relatos basados en una foto de las últimas vacaciones.

EL DÍA QUE FUERON GRANDES

BEAGUSTIN

El 15 de julio de 2015, cinco personas subían por las colinas siguiendo las pisadas de muchas otras almas aventureras que anteriormente exploraron esos montes. La subida les costó poco, menos de lo que pensaban y disfrutaron de la grandeza que ofrece la naturaleza y de todos los secretos que guarda. Conversaban entre ellos con emoción, pero una  vez en la cima solo hubo silencio y miradas de admiración, se sentían diminutos a la par que enormes. Capaces de controlarlo todo y a la vez nada. La bajada fue dura, les costó mucho, más de lo que pensaban. Hicieron varias paradas, mucha inclinación y pocas ganas. Piernas pesadas, piel mojada, ojos cansados y con ganas de llegar. El silencio se alargó a pesar de que a ratos alguno de ellos se quejaba sin recibir respuesta. Los rayos del sol cada vez caían más pesados sobre sus nucas y, cuando aun les faltaban muchas piedras por pisar, se les acabó el agua. Llegaron sedientos pero satisfechos: nunca olvidarían el día en el que pudieron verlo todo, en el que pudieron ser todo.

Beatriz Agustín  Gómez (4º ESO)

EN ALGUNA PARTE DEL PLANETA

bealabanda

Mes de julio o agosto, ya no lo recuerdo con exactitud, parece que haya pasado mucho tiempo, ya solo un recuerdo…

Mañana soleada, tranquila, divertida pero fría. Ahí estamos, en el fin del mundo, en la última ciudad de Sudamérica, a tan solo unos kilómetros del Océano Atlántico.

Mientras medio mundo disfruta del verano, nosotras huimos al frio invierno, para poder hacer lo que más nos gusta, esquiar; pero no solo eso, conocer gente y disfrutar de los pequeños rincones del mundo, donde al parecer compartimos una misma pasión.

Tres chicas de parecida edad que, tras una larga jornada de competiciones, disfrutamos de lo que nos une y nos complementa a cada una, la nieve.

Beatriz Labanda Lacasta (4º ESO)

EL ÁRBOL DE LA MONTAÑA

andreabajo

Y es ese momento en el que te sientes libre, como un pajarillo cuando sobrevuela una gran ciudad bajo la oscuridad de la noche, ese momento en el que te das cuenta de que las cosas solo ocurren una vez,  y es entonces cuando empiezas a valorar todo lo que te rodea…

Era una mañana de calor, aunque a esa altura se llame calor cuando se ve el sol brillar sobre un cielo perfectamente pintado de azul. No siempre se puede disfrutar de días así, pero yo sabia desde que nos levantamos en aquella habitación del refugio de Respomuso y abrimos las ventanas, que aquel iba a ser un día especial.

Con los ojos entrecerrados por la clara luz de la mañana y ojeras que indicaban que nos acabábamos de despertar, bajamos al comedor del refugio para tomar algo de desayunar: un buen vaso de leche y unas galletas nunca vienen mal para empezar bien el día.

Después de haber cargado las pilas nos pusimos las zapatillas de montaña y decidimos salir por el monte, a dar un paseo bajo aquellos gigantes de piedra que dan nombre a nuestros Pirineos.

Yo, que conocía perfectamente la zona, decidí llevar a mis tres amigas y a mi alocado perro a un pequeño ibón. La cristalina agua reflejaba las inmensas montañas que rodeaban el ibón y permitía observar a través de ella las rocas en la profundidad y algunos pececillos nadando sin miedo alguno. Daban unas ganas increíbles de bañarse y poder nadar como aquellos peces, pero tras descalzarnos y poner los pies en remojo nos dimos cuenta de que aquello, a tanta altura, solo lo podían hacer los animales acuáticos acostumbrados a ello, pues el agua estaba demasiado fría para nosotras.

Sin ningún tipo de problema decidimos sentarnos bajo ese gran árbol de quién sabe cuántos años que dibujaba una perfecta sombra bajo él, ese árbol desde el que pudimos observar las increíbles vistas que nos rodeaban, ese árbol en el que nos dimos cuenta de que juntas somos grandes, de que juntas no nos para nadie, ese árbol testigo de nuestros secretos, ese árbol en el que nos sentimos libres y nos dimos cuenta de que momentos como ese solo ocurren una vez y por eso debíamos aprovechar los pocos días de verano que nos quedaban antes de volver a la rutina.

 Andrea Abajo Rubio (4º ESO)

AGUACERO EN SANTANDER

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Ha sido un verano de mucho calor. El sol, implacable, no remitía ni un instante en su terco y agobiante resplandor. Cada día que pasaba se instalaba una mayor pesadumbre en los rostros con los que te cruzabas. Los parias trabajaban a la intemperie  y el cocinero del restaurante te miraba desde su humeante agujero con los ojos inyectados en sangre tras haber pedido los consabidos calamares veraniegos.

Parecía que en una de esas noches irrespirables alguien (el vecino, el pobre sedente de la puerta de la iglesia, yo misma) iba a cometer un asesinato. Decidí marcharme a Santander. A mi llegada, unas enormes nubes plomizas invadían todo el cielo. Sin embargo, allí el calor tampoco remitía.

Un luminoso relámpago alumbró toda la ciudad. Se hizo un silencio esperando el deseado trueno. Fueron cayendo pequeñas gotas de agua que todos mirábamos con aprensión, pues incluso los paisanos ya se extrañaban de la lluvia caída del cielo como un maná. Por fin el cielo descargó su torrencial y refrescante aguacero con olor a rocío matutino. Los tensos rostros se relajaban a la par que resbalaban las gotas por nuestras caras. La gente empezó a mirarse, a sonreír, incluso a bailar.

Tres horas después se escuchaba: ¿Pero es que no va a parar? ¡Qué frío! ¿Cuándo va a regresar el verano?

Raquel Yuste

Werther

Blanca Martínez

Las penas del joven Werther es una novela escrita a manos del gran Johan Wolfang Goethe (1749-1832), un hombre que vivió a caballo entre los siglos XVIII Y XIX, época en la que surgieron numerosos movimientos como la Ilustración, el Sturm und Drang…; todos ellos constituirán un cambio frente a las convenciones pasadas.
Gracias a su educación, a sus amistades y a los hombres que lo inspiraron, Goethe se embarcó en la etapa prerromántica representada con esta novela publicada en 1774. La mayor parte de ella se narra en primera persona mediante cartas escritas por el propio Werther, los que nos acerca todavía más a sus pensamientos, sentimientos, sensaciones… Seguir leyendo Werther

Víctor Rapún, periodista

Desde que entré al instituto, tuve claro lo que quería estudiar pasado el bachillerato: periodismo, una profesión creativa, diferente y que siempre acaba reconociendo el esfuerzo puesto en él. Ha sido una suerte tener claro esta meta desde tan joven puesto que en los últimos años he tenido el enorme privilegio de adentrarme en este mundo que tanta experiencia me está proporcionando por adelantado. Comencé escribiendo en vavel.com donde continúo actualmente en la sección de la Premier League inglesa; por otra parte tengo también la fortuna de formar parte de una nueva web de deportes de la provincia (sporthuesca.com) con menos de un año desde su estreno pero que ya está teniendo un gran éxito. Las ganas y la ilusión por seguir haciendo lo que más me gusta, un periodismo justo y de calidad en especial deportivo, continúan intactas y por ello sé que he escogido el camino adecuado, el que de verdad me llena.

VRapun

Microrrelatos de nuestros alumnos

¡Felicidades a todos los participantes en el concurso de microrrelatos! Aunque solo puede haber dos ganadores,  para O Choben  todos habéis merecido el premio por vuestra ilusión y laboriosidad. Os dejamos una muestra de ellos.

Primer Viernes de mayo, corre el piojo y el verano.

Fui un piojo muy afortunado, vivía en la cabeza del rey moro. Un viernes de mayo las tropas y el rey se prepararon, montaron a caballo y se dirigieron a Jaca, donde esperaba una multitud armada hasta los dientes.
Vi un montón de espadas luchando, vi sangre, muertos… y a lo lejos un ejercito de refuerzos… ¿Eran bravas jacetanas?¡Estábamos perdidos!
Un cristiano enorme y fiero, galopó hacia nosotros y le cortó la cabeza. Sentí como caíamos sobre la verde pradera.
Cuando todo acabó clavaron la cabeza en una lanza y todo el mundo gritó y festejó la victoria.
Me sentí perdedor, en esa cabeza inerte ya no hacia nada, así que di un salto y me uní a la pandilla de piojos de Aznar Galíndez donde terminamos felices en su sudorosa y victoriosa cabeza.

Mariano Mur Serrano 2º ESO D

Mi viaje

He hecho un viaje a España desde Colombia, llevo dos horas en el aeropuerto de Barajas. Mis padres me llevan a un pueblo situado en el norte de España llamado Jaca, es un 5 de mayo, un viernes. Llegué a las 10 de la mañana, era un pueblo rodeado de montañas y muy bonito, vi muchas banderas, había mucha gente y olía a comida, pero también a sangre, parecía todo muy raro, estaban desfilando por las calles. Pregunté a la gente que qué era lo que ocurría y me dijeron que acababan de ganar una guerra entre los cristianos y los moros. Estoy rodeada de hombres, mujeres, y niños agotados pero a la vez muy contentos, hay algo extraño en sus ropas y su forma de hablar: entonces me doy cuenta de que estoy en plena Edad Media. ¿He atravesado el Atlántico o he viajado en el tiempo?

Valentina Velasco Báez 1º A (PAB)

Acróstico

Arriba, justo allí en el estante es donde vi por última vez la mosca. Fue entonces cuando se tornaron
bravos mis nervios ante la falta de inspiración… ¿Cómo comienzo yo el microrrelato? Mientras tanto
jacetanos y jacetanas pasean por las calles y yo aquí sentada, con el papel en blanco…
¡corred, venid pronto! Exclamo a mis ganas de terminar tan dura tarea. Comienza la lluvia de ideas.
Prestos me invaden los recuerdos de, sin lugar a duda, el día más importante para la ciudad de Jaca.
A media hora de cenar y aún no tengo escrito nada. ¿Cómo es posible? Tambores, petardos, claveles.
La paciencia se me agota. Justo cuando voy a desistir me doy cuenta de que ya he terminado y la
pelea conmigo misma ya no tiene ningún sentido.

Tantos quebraderos de cabeza habían merecido la pena. Seguramente estarás pensado que nada he contado y que he pecado de holgazanería, pero para que puedas comprenderlo deberás leer la primera palabra de cada dos líneas. (De «cada linea» en el original)

Ana Osés  2ºBachillerato A

Para mi sorpresa

Era viernes de mayo y como todos los años fui a ver el desfile con mis padres; pero para mi sorpresa esta vez el conde Aznar ya no era mi tío Alfonso.

Paula Lasala Betés 1º ESO A

Y la luz se hizo

Era un bonito día de primavera. Peregrinaba con mi padre hacia Santiago cuando llegamos a lo que parecía poco más que una aldea fortificada. Se notaba la festividad en el aire, la gente lucía sus mejores trajes y sus mejores sonrisas, pero lo que más me impresionó fue la gran catedral que se alzaba ante nosotros, en la que se podía divisar la figura de una anciana arrugada y pequeña bajo un enorme arco. No pude evitar soltarme de mi padre y acercarme.
-¿Qué se celebra? – Le pregunté a la anciana
-El triunfo de una gran batalla- Respondió mientras señalaba con su dedo huesudo la puerta de la catedral

Miramos, y un sentimiento de paz nos embargó al contemplar la belleza del crismón, la delicadeza de la talla de piedra, sus magníficos colores… Sí, la luz había ganado a la oscuridad… ¡Apetecía unirse a la fiesta, cantar y bailar!

Sara Becerro Kegel 2º ESO D

Siglo XIX – Ocupación francesa

María no se atrevía preguntarle a su madre si desfilarían ese día. Temía que su madre le dijera que sí. Temía por su propia vida. En esta época nadie sabía qué iba a ocurrir. ¿Vendrán noticias de victoria o acabaría el día en desgracia? No se sabía.
María oyó un grito seguido de una súplica. Resonó un disparo y todo se quedó en silencio.
Un rato más tarde, María miro el reloj. Las 7:10. Tenía que ir a prepararse. Suspiró. Subiendo las escaleras sintió el enfado apoderarse de ella. ¡Odiaba a los franceses y ella era una cobarde! Se hizo la solemne promesa de desfilar como nunca. Con valentía. Gritaría a pleno pulmón el himno de Jaca. Quizás, solo quizás, su padre la oiría y le daría fuerza para seguir luchando.

Raquel Hijano Ross 1º ESO C

Tejo el viejo

Estamos sumidos en un profundo sueño. Presentes, como silenciosos guardianes: moviendo nuestras hojas, oyendo, sintiendo,… También podemos despertamos: pensar.
Me desperté en ese día preciso como cada año anterior. Hoy era el Primer Viernes de Mayo, y es cuando los humanos de Jaca son inexplicablemente ruidosos. ¡Se les oye por todo el valle! Según me ha contado la Vieja Encina, que cuando despierta no hay quien la haga callar, los humanos celebran su victoriosa batalla. Hablan de miles de caballeros, de fieros guerreros, de valientes mujeres, … ¡Si ellos supieran! En verdad, la Vieja Encina tiene muchos años, pero no tantos como yo. Soy el único que estuvo presente aquel día y aún vive: soy el Gran Tejo. A la Vieja Encina le encantaría conocer la verdad, pero no será hoy. Quizás cuando despierte el próximo Viernes De Mayo, si sigo vivo… ¡y si no interrumpe con chismorreos del Sauce Llorón!

Irene Molina Fajo 2º ESOD

La joven mora

-No puedo aceptarlo, padre.-Dije rechazando la bolsa de cuero repleta de sueldos jaqueses que me ofrecía el señor obispo.
-¡No es una petición, ingrato!- Me gritó para hacerse oír por encima de las voces que celebraban la victoria jaquesa un año más.
Acepté de mala gana el dinero y arrastré el cuerpo inerte de la joven mora sin poder apartar la vista del terror que reflejaban sus ojos. La coloqué entre las piedras de la fachada principal mientras las lágrimas surcaban mis mejillas. Con la ayuda del obispo, conseguí tapiar la pared, y con ella su cuerpo, con una enorme piedra traída de la cantera.
Nada más acabar, y en cuanto el padre se dio la vuelta, saqué mi navaja e hice una cruz en la piedra, tanto para señalar dónde se encontraba el cuerpo de la pobre chica como para recordar la atrocidad que acababa de cometer. Esto me perseguiría toda la vida.

Patricia Pueyo Guillén 1º ESO A

I Concurso Ateneo Jaqués-Primer Viernes de Mayo

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¡Enhorabuena a los ganadores del I Concurso Ateneo Jaqués-Primer Viernes de Mayo»:  Alberto Abajo Rubio (modalidad de Microrrelato) y Marina Lacasta Millera (modalidad de Poesía). Os dejamos las fotos de la entrega de diplomas por parte de las autoridades jaquesas y los dos textos galardonados.

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Un rey de piedra

Soy majestuoso y con miles de años de antigüedad. A lo largo de mi larga vida he tenido que  sobrevivir y ser testigo de historias buenas y malas. Hace muchos, muchos años, cuando Jaca era un pequeño pueblo donde reinaba la paz, desde mi privilegiado lugar de residencia, vi como durante un viernes del mes de Mayo, toda su población se alborotaba y se ponían en armas contra un ejército moro que procedía de tierras Navarras. La batalla comenzó,  intenté acudir en su ayuda pero no me pude mover, estaba petrificado, lancé piedras todo lo fuerte que pude.  Al encontrarme tan lejos del lugar, no fui certero en mis lanzamientos y todas las piedras cayeron a mis pies. La batalla fue ganada por los Jacetanos. Desde ese día, cuando me da el sol, al amanecer y al atardecer, me pongo rojo de alegría. Los Jaqueses me llaman Peña Oroel.

Alberto Abajo Rubio 1º ESO B

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marina lacasta

Romance del Primer Viernes de Mayo

Rondaba el siglo octavo
o de eso la leyenda habló,
cuando en la villa de Jaca
la batalla se libró.

El Primer Viernes de mayo
al alba una tropa entró.
De color cobre sus pieles
y de oro el armazón.

Todos los hombres de Jaca
defendieron su región.
Los que por ella murieron
recordados allende son.

Labradoras y mujeres
fueron hacia el batallón,
y con más maña que fuerza
ayudaron al patrón.

Un ejército de cazos
y finas hojas de boj
a los moros asustaron
con el reflejo del sol.

Mas el Conde Aznar Galíndez
con pequeña población
tras cortar cuatro cabezas
se proclama vencedor.

En los Llamos de Victoria
un gran campo floreció.
Y con rosas y claveles
un sombrero se adornó.

Y desde aquella victoria
hasta un día como hoy
se celebra con orgullo
esta humilde tradición.

Marina Lacasta Millera (2º Bachillerato B)

Microrrelatos I

Vamos a ir publicando en O Choben distintos microrrelatos para que disfrutéis con su lectura y tengáis modelos para escribir el vuestro. Como podéis comprobar el arte del microrrelato consiste en ser preciso, sugerente, efectista… y, sobre todo, tener muchas ganas de jugar con la imaginación y con las palabras. El tono del microrrelato lo daréis vosotros: humorístico, lírico, histórico, etc. Pasad y leed, pero tened cuidado del maestro mexicano de Max Aub… 😉

Soy maestro – Max Aub

ahorcado-dibujoSoy maestro. Hace diez años que soy maestro de la Escuela Primaria de Tenacingo, Zac. Han pasado muchos niños por los pupitres de mi escuela. Creo que soy un buen maestro. Lo creí hasta que salió aquel Panchito Contreras. No me hacía ningún caso, ni aprendía absolutamente nada: porque no quería. Ninguno de los castigos surtía efecto. Ni los morales, ni los corporales. Me miraba, insolente. Le rogué, le pegué. No hubo modo. Los demás niños empezaron a burlarse de mí. Perdí toda autoridad, el sueño, el apetito, hasta que un día ya no lo pude aguantar, y, para que sirviera de precedente, lo colgué de un árbol del patio. Seguir leyendo Microrrelatos I